Sabíamos desde hacía por lo menos dos meses que íbamos a ir a Tindouf, pero los días previos a la partida se nos hicieron interminables. Conforme se acercaba la fecha del viaje, el nivel de nerviosismo alcanzó sus cotas máximas. No hay que olvidar que por esas fechas, Argelia estaba en pleno Ramadam y todos los días llegaban noticias de como lo estaba celebrando el FIS. Pero como todo llega, también llegó el momento de partir, así que el día 23 de Enero sobre las 23:00h despegamos desde el aeropuerto de Sevilla con rumbo a los Campamentos.
La expedición estaba compuesta, además de las siete personas de nuestro grupo, por un contingente de concejales de diversos pueblos de la provincia de Sevilla y de un buen número de familias andaluzas que, el verano anterior, habían acogido a niños saharauis en sus casas.
Después de casi tres horas de vuelo, (ya que se tuvo que rodear Marruecos al no poder sobrevolar el espacio aéreo de este país por razones obvias), llegamos a Tindouf donde nos esperaban los saharauis con una flotilla de autobuses para trasladarnos al Centro de Protocolo de Rabuny, sitio donde pernoctaríamos esa noche, o lo que quedaba de la noche, ya que llegamos a dicho lugar alrededor de las cuatro de la madrugada y todavía nos dieron las cinco hasta que nos acomodamos en las tiendas y nos metimos en los sacos de dormir.
Es la primera instalación de que disponen a la que se le puede llamar hospital y aunque nos pueda parecer que carece de muchos servicios que en nuestro mundo nos pueden parecer básicos, para ellos supone un avance importantísimo en este campo, además, están dotados casi por entero con personal médico y de enfermería saharaui, formado principalmente en Cuba y España.
Una vez terminada la visita al hospital y de vuelta en Rabuny, recibimos la visita de Brahim, que es el Jefe de Estudios del Centro de F.P. de Gazuany, con el que tuvimos un primer contacto y quedamos para vernos a primera hora del día siguiente para efectuar una visita a las instalaciones de dicho centro, visita que era el principal motivo de nuestro viaje a los campamentos. Después del almuerzo y del inevitable té de sobremesa, nos unimos al grupo de concejales que habían viajado con nosotros y, junto con ellos, nos trasladamos para visitar el Museo de la Guerra. Desde el año 1975 y hasta 1991, año en que se acordó el alto el fuego, ha sido mucho el material bélico incautado a Marruecos en cientos de acciones de guerra. Todo el material que no han podido aprovechar, se encuentra expuesto en este museo. Ametralladoras, fusiles, jeeps, carros blindados, artillería, minas de diversos tipos e incluso los restos de un caza de combate abatido por los saharauis se podían ver perfectamente ordenados en el recinto. Tal concentración de material, nos daban fe de la intensidad de los combates sostenidos por este pueblo durante casi dieciséis años de guerra.
Una vez terminada esta visita, proseguimos esa tarde visitando una zona de huertos en la que los saharauis intentan cultivar diversos tipos de hortalizas en pleno desierto. Nos explicaron que, aunque disponen de un pozo de agua bastante considerable en el lugar, el cultivo se torna en extremo dificultoso debido a la excesiva salinidad de la tierra. La producción de estos huertos no llega, a pesar de todos los esfuerzos, a cubrir una mínima parte de las necesidades de este pueblo.
Así terminó nuestro primer día completo de visita. La verdad, es que no podría haber ido mejor.